Santiagueños en Berisso: el pueblo que nunca dejó de cantar

Paisajes, barrios, historias y música de una de las poblaciones más legendarias de la región.
0221.com.ar Begum 1 de noviembre de 2026 Por Federico Poni Rossi Seguí a 0221 en Escuchá la nota –:– Antes de que las chacareras encontraran un lugar entre las calles de Berisso, antes de que las guitarras empezaran a sonar los domingos en los patios de Villa Nueva y mucho antes de que el folklore se convirtiera en una de las marcas culturales de la ciudad, hubo otro paisaje.
Un paisaje de monte bajo, caminos de tierra, algarrobos y quebrachos. De cabras buscando pasto donde casi no llovía. De familias que aprendieron a medir el tiempo según las lluvias y a convivir con la incertidumbre de no saber si ese año habría cosecha o si los animales encontrarían agua para sobrevivir. Allí, en la zona rural del departamento Loreto, en Santiago del Estero, comienza esta historia.
De izquierda a derecha: Abel Herrera, Humberto Herrera, Miguel Herrera y Héctor Coria. —Yo te voy a hablar de las cosas que escuchaba de chica —dice Clara Villarreal, mientras intenta ordenar recuerdos que ya tienen más de siete décadas. No habla desde los libros ni desde la nostalgia. Habla desde una cocina donde los chicos parecían jugar, pero en realidad escuchaban todo. Su padre era hachero.
También trabajaba en los obrajes, en la cosecha del maíz o en la zafra azucarera, donde hubiera un jornal para llevar algo de comida a la casa. Había temporadas en que el dinero no alcanzaba y otras en que ni siquiera llegaba dinero. —Como dice una canción de los Hermanos Herrera, a veces les pagaban con vales. Yo escuchaba a mi papá y a mi mamá hablar de esas cosas.
Éramos muchos hermanos y ellos pensaban que uno no entendía, pero yo escuchaba todo. La pobreza tenía muchas formas. Una de ellas era el agua. —Nuestra lucha era con el agua. Teníamos vacas, cabras y ovejas, pero cuando venía una sequía era muy bravo. No había agua para los animales y muchas veces tampoco para nosotros.
Décadas después, Clara encontró una manera sencilla de explicar aquella decisión que cambió para siempre la historia de su familia. Una vez, conversando con una mujer descendiente de inmigrantes europeos, escuchó decir que sus abuelos habían llegado a la Argentina escapando de la guerra. Ella respondió casi sin pensar. —Nosotros también veníamos huyendo de la guerra. Hizo una pausa. —De la guerra con el agua.
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